Es (casi) imposible estar al tanto de todo, para cuando te enteras de que Farrah Fawcett Mayor ha muerto, ya llegas tarde a la desaparición de Michael “Pop” Jackson. Y si esto pasa con lo funerario, cuyo overbooking afortunadamente sólo ocurre de vez en cuando, imaginaos con la imparable hemorragia diaria de nuevas bandas…
Por eso, mi parte favorita de este blog es cuando recibo sugerencias de la gente que lo sigue y que me recomienda tal o cual grupo que se me había pasado por completo. Reconozco que en algunos casos había sido como no ver a un elefante con tacones blancos delante de mis narices.
Y en este epígrafe están The Pains Of Being Pure At Heart, grupo recomendado por Zerbina. Esta banda neoyorquina le dan al pop ruidoso con la misma ansiedad por terminar los temas que los Ramones, los coros poppy de The Pastels y el power-pop de Teenage Fanclub.
Así que la escucha de “Everything With You” fue un pleno al 15. Claro que ya sospechaba que me iban a gustar, conociendo lo mucho que a Zer le va el shoegazing de My Bloody Valentine y sabedora ella de mi debilidad por el desgarro teenager del todopoderoso Mozz.
Así que, por si también se os habían despistado a vosotros, aquí los tenéis: The Pains Of Etc. (¡qué nombre tan largo!), que gustará a los que todavía disfruten de la rabia adolescente plasmada a golpe de riffs y coros melancólicos.
“Everything With You” – The Pains Of Being Pure At Heart
Acaba de salir el noveno trabajo de Manic Street Preachers y ya es pasto de lo que más le gusta a la banda galesa: la polémica.
La prensa UK ha vuelto a “pillar cacho” con los Manics, esta vez a cuento de la portada del “Journal For Plague Lovers”, vetada por los supermercados británicos por mostrar el retrato de un ambiguo niño con la cara ensangrentada.
Las pudorosas cadenas Tesco, Asda, Sainsbury’s y Morrisons han decidido conjuntamente vender el disco cubriéndolo con un plástico para no herir la sensibilidad de sus clientes, ya que, según alegan, la imagen es demasiado violenta.
Lo que se ve en la portada es un óleo la pintora británica Jenny Saville, quien asegura que en donde la gente ve sangre en realidad es un lunar o mancha de nacimiento del niño. Para Bradfield, el líder del grupo, resulta perturbador que los supermercados encuentren ofensiva la imagen cuando “puedes tener adorables y brillantes nalgas o pistolas en las potadas de revistas y discos de cualquier supermercado”.
Pero no es la primera vez que la banda galesa se ve envuelta en algún escándalo que, intencionado o no, da que hablar y se refleja posteriormente en las ventas.
Es más, este último trabajo ya venía con la polémica servida al incluirse en algunas canciones letras compuestas por Richey James, que perteneció a la banda hasta que en 1995 desapareció sin más y hasta el año pasado no fue declarado oficialmente muerto.
Las letras politizadas y abiertamente socialistas de los Manics… el recital que dieron en Cuba para Fidel Castro, hábilmente publicitado por el régimen… las salidas de tono de su desaparecido líder poniendo a caldo Ride, My Bloody Valentine o Slowdive en entrevistas… la foto publicada por el NME en la que Richey se cortaba el brazo con una hoja de afeitar para escribir “4real”, a consecuencia de lo cual le tuvieron que dar puntos en un hospital…
Ahora que todos quieren ser indies, ya seas Green Day y vayas a hacer un musical del “American Idiot” o Russian Red y acabes anunciando monturas de gafas “tchin-tchin” con el “I Love Your Glasses” de jingle. Precisamente ahora, se publica una de esas absurdas listas que tanto funcionan para “San Google” con los Top 100 mejores discos indies de todos los tiempos.
La lista tiene grandes ausencias, porque claro, ¿dónde están The Cramps, Violent Femmes, Sonic Youth o My Bloody Valentine? ¿Cómo no están Joy Division, The Smiths o Echo and The Bunnymen que parieron la música indie en los 80? Y, ¿Por qué White Stripes son considerados como tales, si Jack White canta con Alicia Keys la última banda sonora de James Bond?
Pero es igual, el caso es que en el número 1 está Guided by Voices, la banda yankee con toque brit que comenzó su carrera en los 80 y se ganó la etiqueta “de culto” en los 90. Unos 18 años de temazos y coherencia artística capitaneada por Bob Pollard, que nunca oyó los cantos de sirena de una major, pese a que con “I Am a Scientist” del álbum “Bee Thousand” consiguieron buenas críticas, cierta repercusión mainstream , salieron en la MTV y, más recientemente, sonaron en la serie británica “The IT Crowd”.
Hace 10 años, Neutral Milk Hotel sacó su mejor disco, considerado también uno de los grandes del indie de los 90: “In The Aeroplane Over The Sea”.
La banda de Athens, paisanos de REM, prácticamente estaba constituida por Jeff Mágnum; cantante, compositor y “lidereso” del “corralito”.
El grupo perteneció a Elephant 6 Recording Company, una especie de discográfica anarquista constituida por una comunidad de grupos que compartían músicos para la causa indie.
“In The Aeroplane Over The Sea” se publicó en 1998 y en el imaginario “gafapasta” le disputa el sitio más privilegiado del altar al “Loveless” de My Bloody Valentine.
“In The Aeroplane Over The Sea” – Neutral Milk Hotel
La historia de la música ha dejado algunas pildorillas (y no precisamente de Prozac) de genios que, buscando la excelencia durante la grabación de un disco, han acabado como las famosas “maracas de Machín” por su perfeccionismo obsesivo.
El más conocido de todos es Brian Wilson, el alma de los Beach Boys, considerado como uno de los mitos vivientes de la música popular del siglo XX. Wilson mostró desde muy temprana edad su enorme talento para componer (pese a sufrir un 96% de sordera en el oído derecho) y hasta los Beatles acabaron reconociendo su influencia.
Pero la perfección obsesiva del líder de los Beach Boys tuvo su pico más alto durante la grabación de “SMile”. Su ofuscación por lograr la pureza de sonido, grabando una y otra vez las piezas en el estudio, acabó con Wilson sufriendo episodios graves de locura y frustrando la publicación del disco.
El líder de los “festivos” Beach Boys pasó las siguientes décadas sin levantarse de la cama, durmiendo, comiendo y drogándose en cantidades industriales, tratado por el famosos psiquiatra Eugene Landy, que le atiborró de electroshocks y psicotrópicos. “SMile” acabó publicándose en 2004, tan sólo 37 años después.
“Till I Die”, canción en la que Brian Wilson se define como “un corcho en el océano”
Otro caso de perfeccionismo obsesivo fue Lee Mavers de The La’s. A finales de los 80 los británicos pasaron a la historia del britpop con su primer y único disco, fruto de una grabación más que accidentada. Al parecer, tras firmar contrato con Go Records, la banda se mete en el estudio y Mavers se dedica a grabar obsesivamente una y otra vez cada canción sin alcanzar nunca el grado de satisfacción que buscaba. Después de cuatro largos años la casa de discos se harta, secuestra las cintas y lo publica en 1990 sin el consentimiento Mavers. Pese a obtener grandes elogios de la crítica, el líder de The La’s acabo tildando su propia obra de “una mierda”.
“There She Goes” de The La’s, canción admirada por Elvis Costello
El otro obseso de la perfección es Kevin Shields de My Bloody Valentine. La banda de Dublín se traslada a Londres y despacha “Isn’t anything”, con el que consiguen imponerse en el mapa indie. Pero luego llegó la dramática grabación de “Loveless”, en el que intervienen hasta un total de 14 ingenieros de sonido. El coste de la grabación (medio millón de euros) arruina a la discográfica y la banda desaparece, para regresar 17 años después sin haber logrado grabar ni una sola nueva canción desde entonces. Pese a todo, Shields no parece haber curado su carácter obsesivo y en 1995 MBV fichó por Island, que desembolsó otro medio “kilo” de libras en un disco que no llegó a ver la luz jamás.
“Soon” de My Bloody Valentine, grupo fetiche de Sofía Coppola
Madrid, sábado 19 de julio, el termómetro de la capital está más caliente que una convención de legionarios en un cine porno y yo, con más moral que María Ostíz en un after, voy al Saturday Night Fiber, la nueva sucursal madrileña del festival de Benicàssim.
No llego a The Rumble Strips ni tampoco a los Babyshambles de Doherty, demasiado calor para ver al rockero drogota de moda. Pero sí puedo disfrutar de Siouxsie sin sus Banshees. Y, desde lo más alto de la grada atisbo sentadas a un grupo de fans de Mika tamaño XXL, armadas con un maxicartel que las señalaba como tales y que a duras penas podía taparlas del astro solar.
Pero andaba yo disfrutando de Siouxsie, y digo bien; disfrutando, porque independientemente de haberse quedado en repertorio en los 80, como Duran Duran, la abuela luce un tipazo envidiable a sus 51 años y sus bailes de meiga en pleno akelarre hipnotizaron a los pocos presentes, desafiando por completo a la UVI móvil que, sin duda, la organización dispuso para aquellas estrellas geriátricas que tuviesen que conocerla por dentro.
La pobre Siouxsie lo intentó todo: bailar cual sacerdotisa de Baal, lucir una ajustadísima malla de arlequín, utilizar todas las palabras que sabía en castellano evitando el repertorio habitual del ciudadano británico, es decir: torero, sangría, amigo y fiesta… Pero la luz del sol es a un gótico lo que el jabón al citado Doherty.