El pasado 8 de marzo fue el “Día Internacional de la Mujer” y para aportar mi granito de arena a la celebración os dejo este listado que homenajea a la féminas en un mundo tan machista como el del rock. Pero en un “más difícil todavía” voy a evitar el puesto que tradicionalmente se reserva a la mujer: cantante-florero o fan-groupie. Y es que si hubiese que citar una minoría dentro de la minoría, ese sería el de las mujeres bateristas, papel que desarrollan pocas y que todavía a algunos les resulta entre exótico y chocante.
-Moe Tucker: la pionera de todas y miembro de uno de los grupos más influyentes de la historia, The Velvet Underground. Tucker no sólo era diferente por ser una mujer dándole a las baquetas, sino porque además lo hacía de pie.
-Sandy West: otra de las primeras fue esta baterista y miembro fundadora de The Runaways, banda precursora del “all girl band”.
-Megan White: la otra mitad de White Stripes y, aunque en realidad la estrella sea Jack White, ella le pone su apellido al grupo.
-Cindy Blackman: conocida sobre todo por tocar con Lenny Kravitz y por su look motherfucker.
-Caroline McKay: baterista de Glasvegas y, en parte, responsable de que la sección rítmica de la banda escocesa recuerde tanto a Interpol.
-Belinda Carlisle: la cantante de The Go-Go’s, que en su carrera en solitario se hizo mundialmente famosa por buscar “A Place on Earth”, empezó tocando la batería para el grupo punk The Germs.
-Kathleen Hanna: feminista activa y miembro de la banda de electro-punkLe Tigre.
-Debbi Peterson: la miembro de The Bangles que más se parecía a Stevie Nicks de Fleetwood Mac.
-Samantha Maloney: con un impresionante currículum que incluye haber tocado para Hole, Mötley Crue e Eagles of Death Metal. En el grupo de Courtney Love sustituyó a otra baterista, Patricia Theresa Schemel, que a su vez sustituyó a Carline Rue.
-Adrienne Davies: baterista y percusionista de Earth, y novia del cantante de la banda.
Y Torrance H. Castellano de The Donnas, Claudia Gonson de Magnetic Fields, Amanda Palmer de Dresden Dolls, Ana Blikie de The Gossip, Kathy Foster de The Thermals, Carla Azar de Wendy and Lisa, Lori Barbero de Babes in Toyland, Molly Neuman de PeeChees…
En junio de 1979 se publicó “Unknown Pleasures”, el primer disco de Joy Division que, aunque obtuvo un pírrico puesto 71 en la lista inglesa de ventas supuso el inicio de una de las carreras más cortas y brillantes de la historia del rock. Su legado todavía se sigue reclamado 30 años después por bandas como; Interpol, Editors, Maximo Park, y fue reivindicado bandas contemporáneas como The Cure, U2, Bauhaus, etc.
Entre las curiosidades de este disco está la sobria portada que diseñó Peter Sabille, mostrando la imagen de la primera estrella de neutrones descubierta y sin la típica lista de canciones en la contraportada, que definiría el aspecto de sus discos. Otra de las rarezas de esta grabación, fue el protagonismo para la época del bajo de Peter Hook, que jamás usó un Rickenbacker original, sino una réplica marca Hondo. Lo demás, ya se sabe, con “Unknown Pleasures” se inventó el rock gótico.
El sonido grave y atmosférico que caracterizó a la banda fue creado más por la contribución de su productor, Martin Hannett, que por la voluntad de los miembros de Joy Division, a los que le hubiera gustado que la potencia de sus directos quedara reflejada.
La doliente voz de barítono del suicida Ian Curtis, el bajo compulsivo de Peter Hook, la guitarra abrasiva de Bernard Summer y la batería machacona de Stephen Morris, todo puro Joy Division que ya estaba presente en su disco de debut.
Además, este fue el primer LP de la mítica Factory Records de Tony Wilson ¿se puede pedir más?
Y ya que estamos reivindicativos, reclamemos a otro grupo que jamás se cita como uno de los mejores de su década, los 80, pero que merecen un puesto de honor por lo mucho que influenciaron a bandas de generaciones posteriores.
Como tantas otras formaciones esenciales de esa década, The Chameleons, surgió en Manchester y quedaron etiquetados bajo el epígrafe pop pots-punk.
Su primer álbum “Script of the Bridge” definió su sonido atmosférico, que resultaba mucho más crudo y etéreo que el de Echo and the Bunnymen, gracias al característico eco con el que sonaban riff de sus guitarras. Si bien no lograron el éxito comercial de los de Liverpool, debido a su disolución prematura motivada por la muerte de su manager, Tony Fletcher, y a las típicas disputas con la casa de discos y entre los propios miembros de la banda.
Pero aunque no estén entre los que tengan la fama, The Chameleons han cardado la lana, y ahí están Interpol o Editors, con claras influencias de la banda de Mark Burgess.