Ahora que estamos a punto de cerrar año y década, me acuerdo de uno de los grupos que más me sorprendió en los 90, cuyo incendiario debut acabó en cenizas en 2005.
Hablo de Luna, un grupo que aglutinó a componentes de otras bandas como Galaxie 500, The Chills y Feelies, que sorprendió a todos con “Lunapark”, su primer trabajo.
Aunque para muchos, sus mejores discos fueron; “Bewitched”, “Penthouse”, “Pup Tent”. Yo he vuelto a escuchar hoy su controvertido “The Days Of Our Nights”, que hace poco cumplió su décimo aniversario.
Y, es que tras este disco, la fórmula de Luna pareció agotarse y finalmente la banda se separó con un socorrido “Best Of…”.
Luna tuvo la mala suerte de convivir en los primeros 90 con el éxito del grunge, para después ser también eclipsados en la segunda etapa de la década con la histeria por el brit-pop.
Pero, precisamente por eso, siempre fueron un referente indie… Por eso y por su bouquet para las referencias: en 1993 telonearon a “The Velvet Underground” en la gira que reunió a todos los miembros originales de la banda, después 25 años. Además, contaron con la participación del mítico Tom Verlaine de Television durante la grabación de “Penthouse”, donde hicieron un cover homenaje a Serge Gainsbourg, otro de sus referentes.
Para aquellos que tengan interés en saber qué fue de Luna, todo está aquí.
Si te metieras en el túnel del tiempo para viajar a los 90 con las portadas de las revistas británicas como vehículo,sólo obtendrías una imagen: la batalla “marketiniana” Blur versus Oasis, con gran rédito de ventas para ambas bandas, por cierto.
Nada que no fuesen los hermanos Gallagher o Damon Albarn eran dignos de ser mencionados en la Pérfida Albión de aquella década. Seguro que os acordáis de la lucha prefabricada en los charts entre los singles “Roll With It” de los mancunianos y “Country House” de los de Colchester.
Y, sin embargo, hubo una banda que injustamente se vio eclipsada por aquella batalla mediática del Britpop. Un grupo cuyo repertorio de canciones merece mucho más crédito que la de los mismísimos Oasis. Sí, has oído bien, ¡mejores que Oasis!
Se trata de Ocean Colour Scene, pero antes de que te pongan berraco por lo que acabo de afirmar, voy a darte 5 motivos para que lo reflexiones:
- “Marchin’ Already” de OCS tumbó al “Be Here Now” de las listas británicas y, según cuenta la leyenda, Noel se apresuro a mandarle una placa a los de Birmingham con un mensaje que decía: “A la segunda mejor banda de Gran Bretaña”. A esto, el líder de OCS respondió: “Es un honor ser descrito como la segunda mejor banda de Gran Bretaña, por delante de Oasis y por detrás de los Beatles”.
- “The Riverboat Song”, del álbum “Moseley Shoals, toma referencia de la canción “Four Sticks” de Led Zeppelin, mientras que “Wonderwall” de Oasis bebe del “Wonderwall Music” de George Harrison. Sin desmerecer al mítico miembro de los Fab Four se nota que, aunque vayan de malotes, los Gallagher en realidad son unos blandos poperos.
- Los defensores de Oasis podrán decir que OCS fueron teloneros suyos en la gira “Live Forever” de 1994 ¡Cierto! Pero los Gallagher jamás podrán presumir como ellos de haber tocado junto a The Who.
- “The Day We Caught The Train” es un homenaje a Quadrophenia, hito de la filmografía mod. Por su parte y aunque lo pretendan, todo lo mod que tiene Oasis no va más allá de su estética capilar.
- Y, por último, si hubiera que elegir un álbum que representara el Britpop de los 90, “Moseley Shoals” ganaría a “(What’s the Story) Morning Glory?”
Las ventas de discos dieron la razón a Oasis, pero el tiempo dará su morning glory a OCS.
El año pasado fue 30 aniversario de la “niña bonita” del indie brit, la discográfica Rough Trade, a la que muchos auguraron su cierre teniendo en cuenta el ruinoso panorama de la música como negocio y la desaparición de sus mejores bandas en cartera: The Smiths, Cabaret Voltaire, The Sundays o Disco Inferno.
Pero los que predijeron el final del sello se equivocaron, porque a esta disquera todavía les queda un as en la manga tras el fichaje de British Sea Power, la banda de moda en las Islas.
Leerás que suenan a los Pixies, a The Cure, a Joy Division, a The Smiths… Vamos, lo más grande desde “La Más Grande”… ¿Mera hagiografía o realidad? Mejor compruébalo tú.
Hacía tiempo que Australia no aportaba nada relevante al panorama indie, hasta que llegaron los Howling Bells. La banda de Sydney tuvo en 2006 undebut homónimo bien acogido por la crítica, en el que experimentaban con sonidos épicos y oscuros que recordaban al shoegazing.
Pero aquel fue el año de la “Arcticmonkeysmanía” y de todo lo que sonara al ansiado regreso del imperio Brit en el Pop, que la prensa inglesa se empeña en vendernos al resto del mundo una y otra vez, así que los australianos quedaron relegados a un inmerecido segundo plano.
Aunque estos aussies supieron desde su traslado a las Islas rodearse bien y durante tres años fueron teloneros de giras muy potentes (The Killers , Placebo o Snow Patrol), hasta publicar este mes “Radio Wars”.
Su “lideresa”, Juanita Stein, ya cuenta con algunos fans enamorados, más al mirarla que al escucharla, mientras el resto nos quedamos con su delicada voz. Los otros tres miembros de la formación son; Joel Stein (guitarra), Brendan Picchio (bajo) y Glenn Rainbow Moule (batería), y vienen de Waikiki, una banda de culto en Australia.
En cualquier caso, la publicación de su segundo álbum tampoco supondrá el despegue definitivo de Howling Bells, porque la sacrosanta crítica musical de la Pérfida Albión no ha dado esta vez su beneplácito… ¿Alguien ha mencionado la palabra xenofobia?
“Low Happening” de su primer disco “Howling Bells”
Hay grupos que pasan con más pena que gloria por la historia de la música. Grupos que, aunque en su momento disfrutaron de la fama que da estar entre los primeros del chart, luego su efímera estrella se extingue y son olvidados para siempre. Esos grupos quedan desterrados del “Hall of Fame” que la prensa musical se inventa con sus mil y un rankings; los 100 discos más influyentes de la historia, los 50 mejores grupos de la década, los 25 directos que no te puedes perder antes de morir y demás listas oportunistas para vender ejemplares.
Uno de esos grupos fue Lloyd Cole and the Commotions, que si bien en la segunda mitad de los 80 disfrutaron las mieles del mainstream, quedaron rápidamente olvidados en los 90. Evidentemente, resultaba absurdo que Lloyd Cole o sus Commotions, con su pop pulcro, fueran a ser reivindicado en la era del grunge, pero una vez superado el duelo por la muerte de Kurt Cobain (Hole tardó un día aprox.) ¿por qué no reconocer sin complejos que “Rattlesnakes” fue un discazo?
Claro que la pose siempre snob de Lloyd Cole -que creo que ahora dedica su tiempo libre al golf, como no podía ser menos- con pretenciosas citas literarias en sus canciones, siendo él, además, tan británico, tan limpio y aseado, y encima guapo, no le dieron el glamour que garantiza una vida de excesos y una muerte por sobredosis, pasaporte directo al Olimpo de los mitos.
Facilitaré la escucha de aquellos que sientan curiosidad y no tengan ni idea de quién fue Lloyd Cole and the Commotions, con su hit más conocido (aunque no su mejor tema).
Mi primer disco pagado, que no robado, fue “Meat is Murder” de los Smith… luego llegaron muchos más, aunque, bueno, no siempre pude abonarlos en caja.
Así, cuando en el 78 mis amiguitas de clase coreaban todas las canciones de la banda sonora de “Grease”, ataviadas con aquellos infames calentadores de la Nasarre, yo flipaba con el lookrudyboy de Madness o Specials y, mientras ellas situaban los gorgoritos pospuber de Los Pecos entre lo más y lo muy, yo creía eso mismo de los cardados de Ana Curra…
Eva Nasarre (arriba) versus Ana Curra (abajo)
“Never Mind the Bollocks” se convirtió para mí en algo más que el título de un disco histórico y acabó siendo el leitmotiv de un saber estar en la vida. Posteriormente le añadí el mítico estribillo “Me río, me río de verme tan bella en el espejo“, cantado por la Castafiore y el “Ante todo: mucha calma”, filosofía en estado puro de Siniestro Total, como otras frases vitales de supervivencia frente a pedorros-sin-fronteras, horteras-con-bandera y demás brasa-caspas con ánimo de lucro sobre la cuenta corriente de la paciencia ajena.
De los 80 acabé eligiendo para mi altarcito a los mencionados The Smiths y a Joy División; de los 90 me quedé con Pixies y Stone Roses, y de la actualidad no me pronuncio hasta que no termine la década. Aunque para completar el retrato-etiqueta diré que de las décadas en las que no pude participar por edad, aunque sin dudarlo me hubiese puesto hasta flores en el pelo para ir a Woodstock, me quedo con The Velvet Underground y 13th Floor Elevators de los 60, Led Zeppelin y Buzzcoks de los 70.
Y poco más. Pretendo desde aquí hacer apostolado del culto a la única religión verdadera: el rock y la mal llamada música pop-ular, tan castigada últimamente de falsos profetas. Porque aunque digan que la música es el verdadero lenguaje universal, lo cierto es que no todos practicamos el mismo idioma.